miércoles, 30 de diciembre de 2009

Un cuento a la luz de la Luna

No lo diré muy alto, pero aquí fue donde me encontré con la muerte por primera vez. Tendría... 20 primaveras a lo sumo y era un recién graduado en la academia, como vosotros, cuando nos trajeron al bosque del rey. Fue en este lugar donde acampamos y fue también aquí, durante la primera guardia, donde Jon perdió la vida.

Dicen que el bosque está dormido la mayor parte del año y que sólo durante estas fechas existe una noche en la que realmente cobra vida. Hace cuarenta años, a nosotros nos tocó esa luna. Nunca sabré qué se llevó a Jon. Súbitamente, en mitad de la oscuridad, él ya no estaba aquí. Pudimos escuchar sus gritos alejándose cada vez más mientras una risa hueca resonaba en nuestros oídos, una risa espeluznante y desde luego no humana. Tuvieron que morir otros dos compañeros antes de que nuestro instructor se decidiese a huir al fuerte con los restantes de nosotros. Sólo dos llegamos allí y el instructor no fue el otro.

Pero miradlo desde este punto de vista: yo sé que el peligro está ahí fuera, y si esta noche es la noche en que el bosque está despierto, cuando el primero de nosotros muera, sabremos que sólo huyendo salvaremos nuestras vidas. Es una ventaja a fin de cuentas.

Zack Cabbot. Bosque del Rey.

lunes, 28 de diciembre de 2009

En clave ogra

- Guata sin soa. Jara reb et laudr. Uph.
- ¡¡Rek rek rek!! ¡Guata sepa soa, inka set! ¡Negel meta ret. Ret naugh!

La luna se mostraba alta en el cielo mientras los dos ogros discutían a la luz del fuego. El explorador reculó unos centímetros ocultándose plenamente y dejando de ver a los gigantescos seres con el gesto. Tardó cinco minutos en alcanzar el resto del grupo, unos cien metros más abajo, tiempo que aprovechó para pensar en lo que harían ahora.

- ¿Qué has visto?
- Dos ogros discutiendo. Podríamos atacarles por sorpresa ahora y acabar con ellos rápido. Su prisionero, si sigue vivo, no le quedará mucho de vida tal y como estaba sangrando. Además, dos ogros no se paran a hacer un fuego si su campamento está lejos... y eso implica tesoro para todos.

(Rewind)

- ¿Qué has visto?
- Dos ogros discutiendo. Podríamos hacerlo complicado y esperar a la mañana, cuando haya la mayor luz posible para que ocultarnos sea más complicado... o mejor aún, no los encontremos y el prisionero haya muerto.
- Me parece buena idea.

martes, 22 de diciembre de 2009

Samlara IV (viaje Zet - Echo)

- ... finalmente ahí estaba nuestra Samlara, sola ante el ogro que prácticamente le doblaba en tamaño... Pobre, parecía tan asustada...
- ¿Y como no iba a estar asustada? ¡Vi a Wurden salir despedido por encima de mi! ¡Literalmente!
- Pobre Sam... e imagino que entonces te pondrías a usar esa porra tuya, ¿eh?
- ¡Ja ja ja! La movía de un lado para otro con las dos manos, intentando golpear al ogro, mientras que éste no hacía más que saltar cómicamente para evitar que ella le diera en las rodillas...
- ¡Ja ja ja!
- Pero lo mejor... ¡¡lo mejor era que sólo se podía oir como decía "SiraSiraSiraSira..."!!
- ¡No fue así, lo exageras todo!
- Yo lo creo, pero no te preocupes, mi pequeña Sam, sin duda Sira estará contenta contigo, eres toda una experta combatiente... ¿Como era aquello...? ¿"A Sira rogando y con la maza dando..."?
- ¡JA JA JA!
- Oh, sí, sois todos muy graciosos...

martes, 15 de diciembre de 2009

Samlara III (viaje Zet - Echo)

- Y entonces la ví salir con una sonrisilla que no me gustó nada.
- Ajam.
- Esa es una listilla, Mornan. Simplemente quiere provocar, jugar a ser adulta, estoy segura.
- Ya.
- ¡Pero bueno, mírala! ¡Ahí está otra vez!

Una joven muchacha acababa de aparecer en el claro de luz producido por la fogata. Permaneció durante unos instantes en el umbral mientras su mirada recorría a todos los presentes a la cena, soltándose el pelo que llevaba recogido en una coleta. En algún momento reconoció a quien estaba buscando, y con pasos ágiles se dirigió a su encuentro.

- Mira, mira como se acerca a él. Vaya una... una... descarada.
- Oh, si.
- No te veo muy convencido.

Sonriendo, sin dejar de comer, Mornan miró a Samlara directamente a los ojos. Parecía estar disfrutando de la situación.

- ¿Sabes que creo, Sam?
- ¿Qué?
- Creo que estás celosa.
- ¿¿Qué?? ¿¿Celosa?? ¿Celosa de qué, si se puede saber? ¿De una niñata que simplemente por haber desarrollado antes los pechos que el intelecto cree que puede moverse entre los adultos y tratarnos de igual a igual?
- Hum, bueno... más bien de una moza de buen ver - sus ojos volaron hacia la joven, que conversaba en aquellos momentos con Yank, no muy lejos de donde ellos se encontraban - que sabe que está lo suficientemente preparada para moverse entre ciertos adultos en cierto campo...
- ¡Eso... eso es absurdo!
- Claro. Nada que ver entonces que justo cuando la viste abandonar la compañía de Yank durante el viaje de esta mañana, te pusieras a toquetear a aquel joven que se te acercó, ¿verdad?
- ¡Yo sólo le enseñaba a manejar la maza! ¡Él mismo...
- La porra esa que manejas tan bien, por supuesto...
- ¡Él mismo se acercó a mi y me lo pidió, no yo!
- Lo que tu querrías es que Yank te pidiera que le enseñaras a usar la maza, ¿eh...? O mejor aún... que te pidiera que usaras SU maza, ¿eh...?
- Por Sira, Mornan, eres un cerdo...

Con lo nervios, Samlara apretó demasiado el trozo de pollo que estaba en su plato, el cual en represalia salió despedido hasta impactar contra la pechera de su traje.

- ¡Maldición! ¡Mira... mira lo que has conseguido... imbécil!

Se levantó y se fue de la mesa. A lo lejos, aún podía oír las risas de Mornan.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Una conversación

- La contratación de mercenarios extranjeros nunca ha sido bien vista por la inmensa mayoría de la población, pero el frente élfico se amplió mucho los últimos años y el consejo decidió... decidimos, admitir la propuesta.

- ¿Quién hizo la propuesta?

- Dianne Levin. Su principal rival fue Daemetrius y un poco Drognak, que se opusieron frontalmente a la propuesta inicial. La verdad es que nunca pensé que saldría adelante, pero como el voto es secreto no sé quién votó a favor y quién en contra.

- ¿Tú qué votaste?

- La verdad es que yo acababa de llegar y no sabía demasiado de qué iba el asunto. Me dejé influenciar en gran parte por Daemetrius y voté en contra... hoy habría vuelto a hacer lo mismo.

- Pero supongo que el tema de que serían orcos los contratados no se trató en esa asamblea.

- No, se habló de mercenarios de modo genérico... pero el consejo funciona así: si una propuesta sale adelante, quien la ha propuesto es el encargado de definirla hasta sus últimas consecuencias.

- Eso es un poco absurdo, ¿no?

- No realmente... es el consejo el encargado de destripar todas las consecuencias de una propuesta. Nadie contempló la posibilidad de que la raza contratada fuese orca, por lo que no se planteó esa condición a la contratación. Digamos que no hicimos bien nuestro trabajo.

- Bueno Javea, tú acababas de llegar...

- Ya, Aaron, pero eso no evita que no haya cumplido bien con mi trabajo. Me enteré de que eran orcos cuando sus tres barcos atracaron en Crow.

- ¿Tres barcos? ¿No eran dos? ¿Sabías tú algo de esto, calvo?

- Bueno, sí, pero no eran tres barcos realmente. Eran dos galeones pesados y un balandro más bien pequeño. No sé para qué querrán el más pequeño.

- Supongo que para hacer incursiones rápidas.

- Lo dudo. Era una embarcación peculiar.

- ¿Por?

- Pese al pequeño tamaño montaba dos balistas.

- Bueno, vale, puede que eso haga que sea menos rápida, pero sigue siendo más rápido que ir en galeón...

- Aaron, lo que Levo se ha olvidado de comentar es que esas balistas son fijas, y están apuntando hacia el interior del balandro.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Javea - Norte de Zet

- ¿Qué está pasando?
- ¡Quédate quieta y callada! No salgas por nada del mundo. ¿Me oyes?
- Sí...

Mornan se alzó y desenvainó su nuevo mandoble con elegancia. Javea intentaba imaginar lo que ocurría fuera de la exígua protección de la carreta. Alguna especie de bestia bramaba allí fuera, y los gritos de agonía de sus compañeros no parecían presagiar un buen desenlace del encuentro. Fue el momento en que el guerrero que la protegía empezó a lanzar tajos, el que eligió para asomarse y observar, aterrada, la escena.

El fuego del campamento crepitaba iluminando un baile de luces y sombras. Podía distinguir varios cuerpos caídos al frente y tres sombras de gran tamaño desplazarse velozmente sobre los combatientes aún en pie. Javea reunió fuerzas y venció su miedo, agarró la honda que le había regalado su padre adoptivo, la cargó y disparó al primer bulto más grande de lo normal que vio.

Falló.

Su cuerpo entero temblaba, apenas era capaz sostenerse erguida. Cargó de nuevo la honda mientras lagrimeaba. No quería morir, pero menos quería que alguno de sus compañeros muriera. Se balanceó y disparó de nuevo.

La piedra salió disparada contra la cabeza del monstruo impactando de pleno. Fue la gota que colmó el vaso: la bestia se derrumbó, desangrada por los tajos previos y el nuevo golpe. Javea vio el camino libre para llegar hasta sus compañeros caídos en combate y saltó del carro para socorrerles. Gery estaba malherida en el suelo, perdiendo abundante sangre por una herida en el costado. Se rasgó el vestido y aplicó una compresa contra ésta deteniendo la hemorragia. Poco más podía hacer por ella ahora. Wurden estaba a su lado, semi-insconsciente y hacia él se acercó en el mismo instante en que Mornan, recortado contra la luz de la Luna asestaba el tajo definitivo a la última de las bestias que quedaba con vida.

Javea, exhausta, aprovechó el momento para abandonarse a la inconsciencia.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Samlara II

- ¿Qué es lo que te ha dicho?
- Me ha preguntado acerca de mi viaje, me ha dado su bendición y después... después me he sentido en paz...

Miró a Mornan. Ciertamente, parecía más relajado. Se apreciaban asimismo ligeros cambios en su aspecto, la palidez que le acompañaba anteriormente parecía haber remitido, sus ojos brillaban de nuevo con la energía de la juventud y sus hombros erguidos habían vuelto a recuperar su porte orgulloso y desafiante.

La comprensión de lo sucedido estalló en su mente. Sintió como la carga que la oprimía se liberaba, dejándola flotar en un estado de felicidad. Su mente repetía una y otra vez las palabras "gracias Sira", incapaz de pensar en nada. Abrazó a Mornan, conteniendo las ganas de llorar de alegría.

Salieron del templo. El atardecer pintaba de un naranja rojizo la plaza. Una suave brisa levantaba las hojas caídas de los árboles, jugando a bailar con ellas. Al otro lado, un grupo de niños huían de dos niñas que les perseguían, chillando algo ininteligible. La situación le trajo a la memoria recuerdos de su infancia, jugando con Zoe por las calles de Red Hook, cuando conseguían huir de la severa vigilancia de Selu... ¿Cómo estarían las cosas en su hogar? ¿Qué tal estaría su hermana? ¿Habrían recibido bien sus mensajes?

- Vayamos a buscar a los demás, quizás hayan conseguido sacar algo de dinero por toda aquella chatarra.

El pragmático monje la sacó de su ensimismamiento. Inspirando profundamente, se llenó los pulmones de aquel aire cargado de vida. Realmente, se sentía feliz.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Samlara I

- ¡Vienen! ¡Vienen! ¡Salid de ahí!

El grito de Mornan llegó amortiguado al interior de la cabaña. Samlara notó como si una mano fría le agarrara las tripas hasta el punto de hacerle sentir náuseas.

- Esto no es más que una bodega, aquí no encontraremos nada...

Inmediatamente, Margaery echó a correr hacia la otra cabaña. Wurden arrojó la improvisada antorcha al interior del sótano y, dándose media vuelta, siguió sus pasos. Trastabillando, Samlara salió al exterior.

Aturdida, observó como Mornan daba saltos y movía los brazos intentando llamar la atención de un grupo de no-muertos que habían salido del límite del bosque. En aquel momento, supo que su instinto no le había fallado. En Mornan habitaba el corazón de un héroe.

Yank, desde la playa, cerca del bote, les miraba sin entender muy bien que hacía ninguno de ellos. Cruzó la vista con él y vió como éste le indicaba que le siguiera "vamos, vamos, llámales, salgamos de aquí".

Dudó. No tenía la más mínima intención de enfrentarse de nuevo a aquellas criaturas si podía evitarlo, pero Margaery y el muy debilitado Wurden podían encontrarse en serios problemas si les atrapaban en aquella choza. Suspiró y pensó que la decisión, en el fondo, estaba tomada. Casi cerrando los ojos y agarrando con fuerza su símbolo sagrado ("Sira, dame fuerzas") corrió tras sus compañeros. Mientras corría, llegaron hasta sus oídos palabras pronunciadas, sin duda, por el explorador: "¡¡locos... joder... que os jodan... locos...!!"

lunes, 9 de noviembre de 2009

Saber Local - Dianne Levin

Dianne Levin, condesa de Vaast y viuda del Conde Magnus Levin, gobierna la región más extensa de Bayes desde que hace veinte años su marido perdiese la vida en una partida de caza.

El hecho de que el luto durase apenas un mes y de que al cabo de un año Dianne tuviese un hijo, hizo que muchas voces protestasen en la ciudad y se hablase con insistencia en tabernas y plazas de las extrañas circunstancias en que el querido Conde había muerto. Misteriosamente también, las voces más públicas de entre las desafiantes callaron o abandonaron la ciudad al poco tiempo.

En la actualidad, Vaast vive una etapa de tranquilidad pese a ser la ciudad más cercana al frente élfico. Hace años que no se ven a los de las orejas picudas en la zona, y la economía florece entre las clases cultas, lo que hace que Dianne vuelva a tener muy buena consideración entre el pueblo. La condesa es, sin duda, la mejor relaciones públicas del Concordato disponiendo en todo momento un grupo de artistas que cantan o cuentan alabanzas de su mandato dondequiera que van. Como consecuencia de estas políticas de inmigración, la ciudad es la que más ha crecido en los últimos tiempos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Samlara - Sira III

- Bueno, si te refieres a si hay alguna orden de paladines, sí, así es. Es la sagrada Orden de los Caballeros Defensores, pero es más bien minoritaria y en muchos sitios prácticamente inexistente. Debido a que Sira prefiere no utilizar la violencia salvo como último recurso y como muchos hombres sienten que seguir a mi diosa es, por decirlo de alguna forma, poco viril, la orden está prácticamente compuesta en su totalidad por mujeres.
- ¿Mujeres paladín? ¡Ja ja ja! ¡Como combatan igual que tu, no hay duda de que tu diosa aceptará mi ayuda! Manejas la maza como si fuera una porra, la mueves de un lado a otro como espantando moscas... ¡Ja ja ja!
- Humm... - un ligero rubor apareció en las mejillas de Samlara, mezcla de enojo y vergüenza. - Pero dime, es la segunda vez que me mencionas que quieres ayudar a Sira, ¿estás acaso pensando en ponerte a Su servicio?
- ¡Mornan no se pone al servicio de nadie excepto de si mismo! No, no, más bien estaba pensando en un tipo de... colaboración. Me resulta curioso como hablas de ella, y la fuerza que parece infundirte... Bien, no se hable más, ¿cómo hago para ingresar en esa orden? ¿Tú me hechas agua por encima o algo?
- Eh, no, espera... yo no tengo nada que ver con los Defensores... imagino que tendrías que hablar con la Gran Maestre, que se encuentra en Crow... a no ser que...
- ¿A no ser que qué?
- Hay una isla, que en teoría no debería quedar lejos de aquí, donde más de una vez Sira se ha aparecido a sus fieles. De hecho, la historia completa es curiosa, puesto que...
- ¿Y eso que significa para mi? ¿Hablarás con ella para que me acepte?
- No, Mornan. Tú hablarás con Ella. Y Ella te dirá lo que tenga que decirte.
- Me parece bien. Vamos a esa isla.
- Mmm, vayamos a ver a Aaron, a ver si sabe de que isla le hablo, y donde se encuentra...
- Bien, bien. Estupendo. No perdamos el tiempo. Cuanto antes llegue, antes me aceptará y antes podremos continuar nuestro viaje.

Empezaron a encaminarse hacia el timón, donde se encontraba Aaron.

- Por cierto, Mornan...
- ¿Si?
- ¿Crees que debería dejarme crecer el pelo...?

martes, 3 de noviembre de 2009

Samlara - Sira II

- ¿Sabes, Mornan? Sira es... como una madre.
A diferencia de otros dioses, que sólo se preocupan de su estado entre sus iguales, o de guerras intestinas para conseguir más poder, Sira se preocupa por nosotros. Ella es una de las pocas fuerzas que se ponen a nuestro favor cuando los dioses juegan con nuestros destinos. Vulgarmente se la conoce como "La diosa del hogar" o incluso... ¿cómo la llamáis vosotros...?
- ¿La diosa escoba?
- Si, eso es, tienen varios apelativos ofensivos en ese sentido... Pero es mucho más que eso. Es la diosa de la vida. La que reparte buena estrella en los partos, la que vela por la seguridad del hogar y espanta a los malos espíritus, la que protege a los enfermos y les infunde valor para seguir adelante. La que guía a niños perdidos y asustados y les acoge en su seno...
- Comprendo...
- Sabrás, quizás, que es una de las diosas más extendidas entre las amas de casa. Esa elección no es casual. Sira siente como suyo el amor que nosotros los mortales profesamos por los demás. El amor por un pariente, por un hijo, por un padre o por un amante, es música para Ella, y cuida de que la melodía no acabe en tanto sea posible.
Por su naturaleza, no hay preferencia entre sus seguidores, ni por raza ni por sexo. Si bien es cierto que, por las razones que te he expuesto anteriormente, normalmente cuenta con más seguidoras que seguidores. Por supuesto, aquellos que sólo albergan odio y miseria en sus corazones ni buscan ni quieren el abrazo de Sira.
- Y es contra ellos contra los que Sira lucha, claro.
- No exactamente. Nosotros, sus clérigos, no tenemos tanto como misión destruir al mal, como más bien reforzar al bien. Ayudar a una población a recuperarse de, digamos, una incursión es preferible a dar caza a aquellos que la han causado. Hay ocasiones en las que, no obstante, no queda más remedio que emplear el fuego para combatir al fuego.
- ¿Combatir al fuego con fuego, eh? Violencia, ¿eh? De eso entiendo. Yo podría serle útil a tu diosa con la violencia. ¿Hay algún grupo de guerreros que combatan por Sira?
- Bueno, si te refieres a si hay alguna orden de paladines, sí, así es. Es la sagrada Orden de los Caballeros Defensores, pero es más bien minoritaria y en muchos sitios prácticamente inexistente. Debido a que Sira prefiere no utilizar la violencia salvo como último recurso y como muchos hombres sienten que seguir a mi diosa es, por decirlo de alguna forma, poco viril, la orden está prácticamente compuesta en su totalidad por mujeres.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Samlara - Sira I

El viento, fresco y salado, acariciaba la cara de Samlara. Apoyada en la barandilla del costado de babor, sus pensamientos se mecían al mismo ritmo que el barco. Pensaba en todo lo que había sucedido, en todos los que habían caído. Demasiados acontecimientos, o demasiado rápidos para reaccionar a tiempo. Todo aquello le venía grande. Intentaba que los demás no se dieran cuenta, pero lo cierto era que estaba asustada. No era la muerte, o al menos no era sólo eso, era la sensación de que todo aquello formaba parte de un conjunto que desembocaría en algo mucho mayor... de que de sus acciones dependería el destino de muchos...

Destino. El destino les estaba poniendo a prueba. Y por el bien de todos, no debían fallar. Se preguntaba como los demás podían llevar esa carga. Admiraba a Margaery y a Mornan, siempre preparados ante las adversidades, siempre seguros de si mismos. Le sorprendía el llamado "Cuerda", quien no parecía sorprenderse ante nada. Y que decir de Aaron, su salvador... Y también estaba aquel chico, Yank, tan engreído pero tan... interesante...

Pasándose una mano por el pelo, pensó en dejárselo crecer, después de todo hacía bastante que...

- ¿Samlara?

Se dió la vuelta, sorprendida. No había oído acercarse a Mornan, ensimismada en sus pensamientos.

- Hola Mornan, dime, ¿necesitas algo?
- No, no, es sólo que pensé que... bueno, pensé que podrías hablarme un poco de Sira.
- ¿Mmm? ¿Hablarte de Sira? ¿Quieres saber algo en particular?
- No, nada, bueno, si, quiero decir, me gustaría saber algo más acerca de ella. Ya sabes, conocerla.
- Ah, entiendo.

Samlara miró al cielo, sonriente.

- ¿Sabes, Mornan? Sira es... como una madre.

miércoles, 28 de octubre de 2009

La historia hasta ahora - Bayes II

Los personajes se encuentran en Red Hook haciendo el servicio militar obligatorio. Son elegidos para unas maniobras en el bosque próximo al Fuerte del Rey, a un día de camino de la urbe.

Durante las maniobras tienen un par de enfrentamientos de baja intensidad con un grupo de kobolds y algún animal salvaje. Vuelven heridos y victoriosos al fuerte del Rey descubriendo allí una matanza de orcos. Características flechas negras se encuentran en sus cuerpos.

En Red Hook se encuentran con la llegada de una comitiva del gobierno del concordato (Sir Drognak -Echo-, Dianne Levin -Vaast-, Javea Orchid -Red Hook-, Daemetrius -Red Hook-). Se les asigna un puesto como guías y escoltas de los distintos nobles que van en ella. Transcurre el día con tranquilidad y llega el banquete nocturno. Hay un ataque élfico en mitad de la cena y los PJ huyen con Javea enfrentándose por el camino con un grupo de soldados venidos con Dianne Levin. Son salvados in extremis por los hermanos Whipple (Renly y Aaron). Huyen con Javea en el barco de Aaron.

Camino de Zet son atacados por un barco pirata. Durante el combate, el barco queda seriamente dañado y a la deriva acaban llegando a una isla. Explorando la isla se topan con una misteriosa cueva en la que una inscripción desvela una profecía.

Arreglado el barco, parten rumbo a Zet. En la ciudad portuaria se despiden de Aaron y llevan a Javea al palacio del gobernador, la dejan allí al cuidado de las tropas de Bayes siendo todo parabienes. A la noche, de vuelta a la posada y previo aviso en una nota de Javea, los personajes sufren un intento de asesinato. Sobreviven con facilidad pero no atrapan al asesino.

Al día siguiente se dirigen de nuevo a palacio. Allí, los ayudantes del gobernador (Lord Kelemvor), les indican que Javea partió anoche en carruaje a Crow. Habiendo contradecido lo acordado y notando cosas raras en el ambiente, los jugadores deciden seguir la comitiva para lo cual obtienen unos caballos y la ayuda de un guardabosques llamado Jank.

El carromato ha sido atacado durante su viaje. Los personajes empiezan una persecución y son a su vez perseguidos por el ejército buscando a los culpables de la aparente muerte de Javea. Durante la huída, Renly les salva el culo una vez más enfrentándose a sus propios hombres para dejar escapar a los jugadores. Estos se adentran en las estribaciones de la montaña de Echo.

Tras unos enfrentamientos con osgos, los jugadores llegan a una explanada en la que un extraño ritual está llevándose a cabo. En el interior de una cabaña, 9 figuras encapuchadas se encuentran practicando extraña magia sobre el cuerpo inánime de Javea. Una cuadrilla de osgos vigila el exterior aparentemente aterrados por lo que está sucediendo.

El ritual finaliza y se hace de día. Los jugadores se acercan a la cabaña y ven el cuerpo desnudo de Javea sobre el altar, la recogen y escapan con ella pero son interceptados por un semielfo que les reta. Uno por uno, el guerrero acaba con todos ellos hasta que en el último suspiro Jank termina con su vida de un tajo certero.

Los personajes se recuperan de sus heridas no así Javea que empeora por momentos pese a los cuidados de la clérigo. Vuelven a Zet. La voz de alarma ha corrido por Bayes y los personajes son puestos en busca y captura. Renly Whipple es arrestado por traición. Los PJ deciden ir a la isla de la profecía si bien no tienen claro cómo hacerlo. Aaron Whipple y sus amigos les encuentran antes que el ejército y planean un asalto a la embarcación del primogénito de los Whipple. Recuperan a 'Alice' y parten rumbo a la isla.

Una vez en ella, Javea vuelve a la vida poco a poco y unas extrañas inscripciones aparecen sobre una placa metálica. Es dracónico y aparentemente la miembro del consejo ha perdido la capacidad de comprenderlo. Con la tablilla a cuestas los jugadores optan por volver a Red Hook.

En la ciudad del cabo hay rumores de guerra. Renly Whipple ha sido ajusticiado y las noticias de un ejército mercenario orco acechando la región están en boca de todos y hace que el ambiente sea gélido. Dos días más tarde los monstruos sitían Red Hook. Durante las negociaciones, Jonas Whipple se reúne con Aicre Odass, el general humano de enlace, y acuerda entregarse y rendir la ciudad a cambio de que no haya batalla. Sus consejeros lo desaprueban pero él sale a hurtadillas con ayuda de miembros de la guardia y rinde la ciudad en mitad de la noche. El gesto no sirve de nada y los orcos atacan al alba.

Los jugadores parten a recuperar a Jonas atravesando el campo de batalla mientras el grueso del ejército de Red Hook se enfrenta a los humanoides. Jonas está demasiado bien protegido y apenas llegan a su celda, pero un acontecimiento externo les ayuda. Los misteriosos hombres de negro de la ciénaga hedionda hacen aparición provocando la huída de los orcos. La ciudad se lame las heridas y los dirigentes se reunen en cónclave para decidir los siguientes pasos. Jonas envía un cuervo a Crow indicando que se exilia y renuncia al gobierno de Red Hook y Daemetrius exige que los jugadores y Javea sean llevados a la capital para un juicio justo. Aparentemente todo el mundo está de acuerdo, lo que no evita que los personajes y Javea huyan esa misma noche en 'Alice' rumbo a la isla de Lorn, ubicada a escasos kilómetros de la ciudad de Crow...

lunes, 19 de octubre de 2009

Kormak III

- Grupf, grlob, slorb...

Os mataré miserables, os mataré por impedirme cumplir la misión de mi dios, destruiré vuestra alma, os atraparé por siempre en una no-vida en la que la desesperación será vuestra única compañera...

- Parece que intenta decir algo...
- Sus ojos lo dicen todo. Adiós, Kormak.

* Tchunk *

Acero frío dolor hueso.

"- Oculta a los niños, yo saldré a ver que pasa fuera... Por si acaso, prepárate para lo peor.
- De acuerdo y... ten cuidado.
- No te preocupes. Chicos, ya sabéis, esto es como las otras veces que hemos jugado, ¿vale? Ahora, haced caso a vuestra madre y todo saldrá bien..."

"- Comprendo lo que dice, pero, ¿no es cierto que al final la única vencedora en toda batalla es la muerte? Ella es la única que acaba recogiendo frutos de cada conflicto. No importa el número de veces que se salve a una persona, al final acabará aceptando su gélido abrazo. No es sino cuestión de tiempo.
- Pero hay una diferencia entre ambos pasos. Una diferencia que a pesar de haber mencionado, no se si usted aprecia, o quiere apreciar.
- ¿Y cual es?
- El tiempo que dista entre ambos casos. Tiempo que podemos usar para seguir viviendo, crecer, disfrutar, amar...
- ¿¿Tiempo?? ¿¿Tiempo para seguir viviendo... para AMAR?? ¿Que sentido tiene amar cuando al final todo se convierte en polvo? ¿Qué sentido tiene buscar consuelo en otro ser mortal y débil como nosotros, repleto de inseguridades y miedos? ¿Qué sentido tiene... querer... cuando al final todo muere? No, la vida no es sino una sucesión de tormentos, y aquellos que lo niegan no son sino unos necios."

"- ¿Por qué haces esto...?
- ¿Por qué? Si tu pregunta es por qué sigo el camino de mi dios, te diré que es por convicción. Si me preguntas porque hago esto, te diré que por diversión. Y si lo que me estás preguntado es porqué voy a acabar con tu vida... supongo que es una mezcla de ambas.
- Pero... no puedes hacer esto, somos compañeros...
- ...
- Bah, hazlo, sucio hijo de perra. Espero que pronto te reúnas con tu dios.
- Espero, sinceramente, lo mismo."

"- ¡Eh, tú! La ciudad va a quedar sitiada por un ejército de orcos y necesitamos toda la ayuda que nos puedan prestar. ¿Aceptarías ponerte al servicio de la ciudad a cambio de unas monedas? No es mucho dinero pero...
- La posibilidad de matar... orcos... es casi toda la recompensa que necesito...
- Hum... De acuerdo entonces, preséntate en el pabellón para reclutas temporales que hay montado en el cuartel."

Os mataré... os mataré... os... osss...

.

martes, 13 de octubre de 2009

Alana Leenda "Estoque" V

Se despertó sobresaltada y envuelta en sudor. Apenas un segundo más tarde, su arma apareció en la mano y apuntó a las sombras que formaban la hoguera.

Silencio.

- Mierda.

Dejó su estoque en el suelo, pegado a su cuerpo y se acomodó entre las pieles que formaban el saco en el que dormía. Apenas había podido dormir desde el día en que degolló a Kormak; horribles pesadillas de fuego y odio asaltaban su sueño haciendo de cada noche un descenso a los infiernos. Sólo por estos sueños, se dijo, merecía la pena haber acabado con el sacerdote.

Cerró los ojos y, una noche más, soñó fuego.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Kormak II

- ¡Habla! ¿Cuantos más sois y porqué estáis aquí?
- No puede hablar... tiene una flecha prácticamente atravesándole la tráquea...
- ¡Bah! ¡Entonces no me sirve!

Con una patada, rompió el cuello de aquel pobre desdichado. El sonido de los huesos partiéndose, música para él, pareció incomodar a sus compañeros.

- Le he aliviado sufrimiento, habría tardado horas en morir. Aún me tendría que estar agradecido.

Sus ojos se encontraron con los de la espadachina, quien le mantuvo la mirada, orgullosa. "Algún día mi mangual beberá tu sangre, y tu cuerpo muerto seguirá mis órdenes sin rechistar, insolente perra..."

- Movámonos. Estos infelices ya no pueden proporcionarnos más entretenimiento. Sigamos buscando.

Dando una última patada al cuerpo que yacía a sus pies, Kormak echó a andar hacia delante.

lunes, 5 de octubre de 2009

Alana Leenda "Estoque" IV

La inyección de adrenalina subió por sus venas lanzándola hacia adelante a toda velocidad. Al final de la gran escalera vio cómo la puerta que tenía al frente se abría y un humano con armadura de cuero salía al pasillo. Su cara de perplejidad cambió a la de terror cuando la antorcha que portaba Leenda salió despedida contra su rostro impactando de lleno sobre él.

Las horribles quemaduras de su piel fueron el preludio del estoque de Leenda atravesando su corazón. El sectario cayó muerto antes de poder apreciar el semblante de su verdugo. Alana entró en la habitación que ocupaba su enemigo y cerró la puerta.

- Veamos qué se cuece aquí dentro.

La habitación estaba ciertamente destartalada y nada de valor parecía haber en los desvencijados muebles que la ocupaban.

- Pf, menudo éxito.

Alana descolgó su ballesta del cinto y abrió la puerta por la que había entrado de una patada justo a tiempo de escuchar un estampido sónico procedente del piso de abajo. Giró la cabeza y vio al clérigo de ojos sádicos descolgando su mangual. Alana alzó la vista al techo.

- Noikai, no soy de rezar mucho, pero si un día me quedo sola con este histérico, por favor, concédele una muerte lenta y dolorosa.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Alana Leenda "Estoque" III

Nunca había creído en la estabilidad mental del clérigo. Pero ahora estaba convencida de que el pobre estaba realmente jodido de la cabeza. Desistió intentar entender la escena y revisó la estancia; una salida se abría a unos metros del centro y allí se dirigió con paso decidido. Se escuchaba un discurrir de agua unos metros más lejos y no tardó en encontrar la corriente de agua. Aparentemente los hombres que había oído minutos antes tenían que haber salido por allí.

- Espero que llevasen mucha armadura.

Se arrojó al agua sin más precauciones cayendo a través del río subterráneo en una pequeña laguna. Salió de ella y se limpió un poco aprovechando su agua. Miró a su alrededor mientras el resto del grupo seguía sus pasos saliendo, algunos dignamente, otros no tanto, de la pequeña laguna. No sabía muy bien qué se le perdía con la extraña cuadrilla: su lugar estaba en la ciudad y no en una maloliente montaña rodeada de tipos raros que poco tenían que ofrecerle...

Aparte de diversión, claro.

martes, 18 de agosto de 2009

Alana Leenda "Estoque" II

Estoque tardó menos de un segundo en cerrar la boca y así evitar dar un trago al chorro de sangre que salía despedido del cuello del bandido. Su virote clavado en el pecho parecía, comparándolo con el tajo que su nuevo compañero había provocado, un alfiler en el pie de un titán. Giró la cabeza levemente observando al feo gigantón que se lanzaba contra el grupo de arqueros y pensó por primera vez en el día que se alegraba de tenerlo al lado en lugar de en frente.

La batalla fue corta y dura, pero al final de la misma Alana estaba mucho más entera que la última vez y sin sensación de haberse jugado del todo la vida. Se agachó sobre sus aliados moribundos y les administró los primeros auxilios parando las hemorragias.

- No moriréis hoy por lo que parece.

Alana alzó la vista y vio la masacre que habían provocado ella y sus compañeros. Estaba decidiendo a quién saquear primero cuando notó un temblor en la cueva, miró la entrada y un estruendo unido a una nube de polvo le indicó que alguien había bloqueado la entrada. La espadachina se encongió de hombros y se agachó sobre el primer cadáver.

Lo primero era lo primero.

lunes, 10 de agosto de 2009

Kormak

Aquel ser despreciable no iba a acabar con él. Se había enfrentado a peores adversarios, más numerosos y temibles, y al final siempre acababa observando escapar sus últimos gorgogeantes suspiros, postrados en el suelo con los huesos rotos y las tripas reventadas, el húmedo aroma de la sangre envolviendo la moribunda escena.

Agitó una vez más el mangual en el aire, dispuesto a descargar su fría ira contra aquella infeliz criatura. De repente, con una velocidad inusitada, el ser deslizó una garra entre el hueco dejado por el escudo y el mangual, alcanzando al cuello en una zona desprotegida de la armadura. La garra seccionó el cuello como si de papel se tratará, abriendo un abismo a través del cual aire y sangre se entremezclaron en su desbaratada huida. Kormak retrocedió, más sorprendido que asustado, mientras se daba cuenta de que esta vez no sería él quien observara al derrotado fallecer.

Dió un paso atrás, trastabilló y finalmente cayó, en lo que le pareció una eternidad, al fango de la ciénaga. Mientras su alma escapaba de su cuerpo, no pudo evitar pensar que le hubiera gustado poder vivir un poco más. No por disfrutar de la vida en sí, sino por poder dar a conocer a más gente las bondades de su dios...

Giró la cabeza en un último esfuerzo y vió al soldado y a la otra chica combatir a la bestia. Quizás ellos fueran más afortunados que él. En cualquier caso, poco le importaba su suerte. El azul del cielo se desvaneció, y sus ojos mortales se nublaron.

...

- Despierta, y escúchame, Kormak.

El ser etéreo anteriormente llamado Kormak abrió su conciencia y despertó. Ante él, Orcus, el Señor de los Muertos Vivientes, le observaba.

- Mi señor... Soy indigno de contemplar vuestro rostro...
- Así es, miserable carroña mortal. El honor que te concedo excede con mucho los méritos que has logrado. Así y todo, no eres un mal sirviente, Kormak.
- Gracias, mi señor.
- Creo que aún puedes ser útil en las tierras mortales. Creo que aún puedes predicar más mi palabra.
- ¡Yo también lo creo señor! ¡Ardía en deseos de daros a conocer entre las gentes, de hacerles entender que al final de todo sólo Orcus importa!
- Lo sé, mi fiel sirviente, lo sé. Y por eso he decidido darte otra oportunidad.
- ¡De nuevo, soy indigno del honor que me concede mi señor!
- Volverás a la vida reencarnado en el cuerpo de un moribundo que aceptó venir a reunirse conmigo antes de tiempo.
- ¡Gracias, señor, gracias!
- Ahora vuelve, Kormak, y difunde mi mensaje. Difunde la muerte.

...

Alana Leenda "Estoque" I

Rasgó un jirón de su capa. A la muy puta ya no le serviría para gran cosa. Revisó sus bolsillos y dejó que el fango se la siguiese tragando. Hubo un tiempo en que su cuerpo eviscerado había sido bello, lo único bello de su ser corrupto.

Giró sobre sus botas y se acercó al cura. Su cuello seccionado no dejaba lugar a dudas: al fin se había reunido con su Señor. Sintió una punzada de miedo mientras robaba al cadáver sus monedas; a fin de cuentas había sido un hombre santo y quizá su deidad (cualquiera que esta fuese) estaba ahora mismo observando la escena. Descartó la idea con un chasquido de su lengua y le vació los bolsillos sin más pensamientos fúnebres sobre el asunto.

Se irguió y dirigió la vista al otro humano. Sólo quedaba el soldado. Avanzó hacie él con paso rápido, palpó por encima de la ropa y se quedó con su oro.

- Joder, parezco una arpía.

El soldado había sido el más simpático de todos con ella y a él le dedicó unos segundos de oración. Sólo se sabía una, y además incompleta, pero en cualquier caso no había tiempo que perder, quién podía saber si la familia de la bestia estaba por allí cerca y le echaba de menos.

Dudó unos instantes sobre a dónde dirigirse, se había adentrado mucho en la ciénaga, pero tampoco sabía cuánto podría quedarle para llegar a la otra orilla. Torció el gesto y se encaminó de vuelta a Red Hook, había dos días de viaje y no era el momento de tener dudas. Además, siempre podía pararse en alguna de las granjas que había visto a la ida y descansar un poco.

Leenda alzó la vista al cielo y suspiró.

- Definitivamente, la vida de aventuras no está bien pagada.

Se vendó el brazo con el jirón de la zorra y echó a andar.

lunes, 27 de julio de 2009

Noeg II

Desde el principio lo vio claro. Nueve bandidos. Tocaban a dos por cabeza, más si se daba prisa.

Descolgó el hacha y antes de que los humanos apestosos se dieran cuenta se lanzó cargando contra el que parecía su líder. En su cabeza el plan era claro: Avanzar y matar, luego avanzar y matar otro poco. Llevaba días sin acabar con la vida de algo y la ocasión parecía prometedora.

Durante su carrera sintió el aguijonazo de tres flechas clavándose de manera superficial a través de sus capas de pieles. Sonrió pensando que al fin estaba vivo y lanzó un zarpazo con su gigantesca hacha que hirió superficialmente a su rival en el costado. Bueno, se divertiría un rato más.

El humano era bueno: con la hoja plana de sus espadas desviaba sus bastos golpes haciendo que sólo leves cortes asomasen en su piel mientras contraatacaba con destreza. Noeg se impacientó hasta que la suerte pareció cambiar. Utilizando gran parte de la fuerza que le restaba, atizó un golpe de arriba a abajo que sin duda habría matado a casi cualquier hombre que se le enfrentase. Casi estaba a punto de aullar de victoria cuando su rival se revolvió en una elegante finta, desvió parcialmente su ataque y asestó una estocada en las costillas al gigantón que perdió el conocimiento.

Noeg se sumió en un agradable sueño de sangre y dolor.

jueves, 2 de julio de 2009

Mornan - La búsqueda

El islote que tenía a la vista no era más que un baldío mojón de piedra en mitad del Mar de las Estrellas Caídas. Su Diosa, en cualquier caso, le había escuchado y parecía que ese era el lugar en que tendría que enfrentarse a sus demonios.

Mornan bajó de Alice y pisó el lugar con andar decidido, dispuesto a escuchar lo que Ella tendría a bien comunicarle. Él sólo deseaba servirla y para ello estaba dispuesto a darlo todo. Avanzó por entre la abundante costra de mejillones que habitaba en las rocas y se dirigió al interior de la isla sin mirar en ningún momento atrás. Sabía que la mirada de sus compañeros estaban fijas en su espalda, pero eso no le hizo volverse.

Cuando ya estaba en el centro, el guerrero encontró una húmeda cavidad que se abría paso en la roca basáltica que era la isla y con un presentimiento se introdujo en ella. La luz que entraba por la abertura dejaba ver un espectáculo de lo más anodino. Las pozas de agua salada se formaban en torno a las rocas y varias decenas de crustáceos de pequeño tamaño nadaban en ellas. Nada parecía indicar que allí dentro Sira fuese a manifestarse. Mornan se sentó.

Pasaron las horas, su estómago rugía, el guerrero probó a comer algún molusco crudo pero el sabor salado del agua de mar le disuadió pronto. Se hizo de noche y Mornan empezó a dudar de que se fuese a presentar su deidad. Un minuto más tarde, se había dormido.

- No estás preparado, Mornan.

- ¿Por qué, señora?

- No eres puro, no muestras cariño y sí desinterés por los demás. Nunca has orado de palabra ni de hechos. No buscas consuelo en los templos ni en ti mismo. Debes cambiar, pero el paso más complicado ya lo has dado: encaminarte hacia el bien es el camino difícil. Prospera y te ayudaré.

La visión se diluyó y Mornan despertó. Los pasos que seguiría a partir de ahora sólo él podría decidirlos.

lunes, 22 de junio de 2009

Noeg I

No le gustaba su mirada, ni su andar, ni su pinta, ni nada. Tenía un nosequé queseyó que le parecía repugnante. Y él de repugnantes entendía.

Mientras se acercaba pensó que quizá le vendría bien para la resaca romperle la nariz al sujeto, dudó durante un instante y casi estaba doblando el brazo cuando se dio cuenta de que el humano llevaba un traje de soldado de Bayes. Franqueó la entrada al guardia con un leve gruñido de disgusto sin darse cuenta hasta después de emitirlo de que éste le había saludado. Decididamente el humano era retardado... y a él le dolía mucho la cabeza.

No hacía frío esa noche de avanzada primavera. Apenas soplaba viento y las estrellas lucían como nunca en el firmamento. Por un momento se le pasó por la cabeza coger sus cosas e ir a cazar algún oso o algo más grande pero, cuando parecía que la idea le había seducido lo suficiente, apareció el posadero por la puerta.

- ¡Snoeg! Hay un cadete molestando a la clientela, haz que se tranquilice o que se vaya.
- Grumph.

El semiorco de más de dos metros de altura entró agachando la cabeza por la puerta del establecimiento y contempló la escena. Allí era donde hacía un par de días había roto la nariz y casi el cuello a un borracho fanfarrón cuando su tono de voz le hinchó lo suficiente los huevos: lo que viene a ser, sin duda, el mejor pasaporte para encontrar trabajo en una taberna.

Desviando la mirada a la derecha, vio al humano de antes con la sonrisa más falsa que jamás había contemplado en rostro de un mortal sentado con una mujer de estrafalaria vestimenta y un tipo joven. Se acercó a grandes zancadas y se sentó con ellos ...



lunes, 1 de junio de 2009

Saber local - Zet I

Zet fue fundada por el capitán pirata Randall Zet hace unos 900 años como puerto franco para su camarilla con el fin de asentarse en una base al margen de Sajak, la eterna capital del vicio. Con el tiempo, los habitantes estables de la isla fueron en aumento y bajo el mandato de las sucesivas generaciones de los Zet, perdiendo su condición de ciudad corrupta, si bien algo de aquella corrupción todavía persiste y son muchos los lazos que unen a la mayoría de los ricos de la ciudad con los distintos clanes de bucaneros.

Hoy día, el único lugar del concordato en el que se puede comprar mercancía de ultramar a precios no prohibitivos es en esta población y aldeas limítrofes, lo que hace que los comerciantes con contactos entre los corsarios ganen inmensas fortunas gracias a los pudientes del resto de Bayes.

Partida X: La batalla de Red Hook

Jugadores

Gery, Mornan, Samlara, Jank, Wurden

La partida

El día sucedió a la noche, demasiado lento para aquellos que sabíamos lo que nos aguardaba, demasiado rápido para aquellos que no deseaban saberlo.

Una simple bocanada de aire les hizo recordar su situación. El viento les traía el aroma del salitre en las barcas del puerto, el olor a sudor de los hombres que se afanaban en reconstruir las ínfimas defensas que se pondrían a prueba ese mismo día, la fragancia cortante de la madera en las hogueras del campamento orco, aún levantado a las afueras de la ciudad, el perfume del miedo y del coraje de los seres humanos que aferraban sus herramientas y que las enarbolarían en aras de su supervivenvia. Esa noche cenarían cenizas y cascotes, los que llegasen vivos al atardecer.

La primera noticia del día dio un vuelco incluso más oscuro a la ya sombría mañana. Lord Whipple, Jonas, para los que teníamos la suerte de conocerlo, no estaba en sus aposentos, y, como nos temíamos, mi Capitán, Aaron Whipple, nos confirmó que se había entregado, con la vana esperanza de que aquello calmase los ánimos beligerantes del ejército que aguardaba a la entrada, y de aquellos cuyas órdenes lo comandaban. No había sido así, y en unos momentos, el desayuno iban a ser 1000 orcos, con armas de asedio, y sin ningún tipo de piedad. Ya teníamos otra misión, y los cuernos y tambores de guerra orcos nos estaban dando la señal de comenzar.

* * *

Lord Whipple tenía que estar en una de las tiendas al final del campamento. Solo nos separaban de él un millar de orcos, dos catapultas, varios ogros y cientos de armas afiladas: iba a ser pan comido. Nuestro plan era sencillo: esperar una o dos oleadas, y luego, en el fragor de la batalla intentar flanquear el ejército enemigo en la medida de lo posible, para alcanzar las tiendas y rescatar al padre de Gery.

Pronto nos dimos cuenta de que hasta los planes más sencillos tienen complicaciones. Un grupo de orcos y un ogro se habían interesado en ese grupitos de insensatos que intentaba rodearles. Y entonces vino lo bueno: nada más comenzar, un par de flechas salieron disparadas del arco de Jank, atravesando de parte a parte el cráneo y el pecho del desafortunado orco que más se nos había acercado. Justo después, un embravecido Mornan desplegó su poderío y se lanzó en pos de una pareja de infelices orcos que avanzaban por nuestra derecha.

Yo le seguí instantaneamente y en cuanto sacó su espada de uno de los orcos yo lo rematé de un codazo que le rompió el cuello. Pero había más, y entre ellos sobresalía el enorme torso de un ogro, que se acercó a mí por la espalda, y me atizó con ganas, lanzandome al suelo malherido de dos poderosos mandobles. Primera sangre del equipo. Pero el resto del grupo, lejos de quedarse mirando, ya habían iniciado su matanzas personales, con dispar suerte.

* * *

Gery había echado a correr de cabeza contra dos orcos pensativos en el flanco izquierdo, y estaba intercambiando espadazos con aquel orco que sobreviviese a sus embestidas feroces, o con cualquiera que viniese a reemplazar a un compañero muerto.

Jank continuaba probando puntería con el trasero del ogro, el cuál ,una vez hubo visto como yo caía inconsciente, dedicó toda su atención al fibroso montaraz. A Sam tampoco le faltaba el trabajo, cuando no estaba parando hemorragias galopantes de algún miembro medio amputado de Mornan o mío propio, se daba una carrera para recolocar la mandíbula desencajada de Geri, o su brazo roto, o nuestra pierna rajada.

Justo cuando parecía que no iba a dar abasto, llegaron los refuerzos: Aaron y Tonel. Una luz de esperanza al final del tunel. Aunque aquello no duró mucho. Pocos segundos después mi querido amigo Tonel fue destrozado por dos malvados orcos cuyas espadas partieron en dos al tan estimado clerigo, y con él a nuestras posibilidades de salir con vida.

Gracias a los dioses, Aaron sacó fuerzas de su ira y logró abatir al feroz ogro, con ayuda del millar de flechas que Jank le había clavado en la espalda, y poco a poco el resto de alimañas fueron cayendo una a una. Al terminar el combate Mornan y yo yacíamos cuales muñecos de practicas agujereados en el suelo, sobre sendos charcos de nuestra sangre. Por enésima vez, Sam corrió hacia nuestra posición para devolvernos a la vida, y, aunque maltrechos, proseguir con nuestra crítica misión.

INCISO

Visto lo acontecido en la partida del pasado viernes, las ideas estratégicas propuestas, esto es, no separarnos nuca han sido plenamente aceptadas (según me comunicó hoy Wurden) porque:

- Ayuda a Sam a curarnos;
- la protege de ataques;
- limita el número de enemigos que nos rodean y;
- si uno tiene problemas con su enemigo se le puede echar una mano de manera automatica.

Ánimo compañeros que ya no nos queda nada para alcanzar nuestro objetivo, el inmediato porque lo de los dragones aún está por ver...

jueves, 7 de mayo de 2009

Partida I - Un paseo por el bosque

Jugadores.

Samlara, Gery, Mornan, Pit, Brok

La partida.

Zack, un veterano de las guerras élficas, tuerto, cojo y cubierto de cicatrices, es el capitán de los cadetes del Fuerte Hook. El veterano hombre de armas propone a los mejores (ejem) de entre los reclutas llevar a cabo una incursión en el Bosque del Rey con el fin de que tengan un poco de entrenamiento real.

El grupo parte a la mañana siguiente ilusionado. Dejan sus vártulos en un centenario edificio militar en el extremo sur de la arboleda y se internan tras un frugal ágape en ella esperando encontrar un oso, o al menos unas liebres a las que disparar.

No pasa mucho tiempo hasta que encuentran un rastro en el suelo que siguen con precaución, al otro lado de una loma un grupo de kobolds están haciendo tropelías. Es inevitable, claro, que el poderoso Mornan tropiece con una raíz en su intento de descender por la pendiente y coger desprevenidos a un grupillo de kobolds que abajo se encuentran.



Sucede entonces una lucha rápida y cruenta en la que el bueno de Pit casi pierde la vida, pero que termina con los PJ victoriosos, felices y repletos de anécdotas. La valoración del DM de esta partida queda como sigue:

  • Brok - El Kamikaze.
  • Gery - La luchadora eficaz.
  • Samlara - La que salva el culo a todo el mundo.
  • Mornan - El secundario gracioso.
  • Pit - ¿?

Saber local - Red Hook I

Red Hook es una población sita en el cabo homónimo al sur de la región de Bayes, en uno de los márgenes de la Ría de Crow. La zona debe su nombre a la abundancia de granito rojo, que consigue que desde el mar el promontorio resplandezca con un hermoso tono rojizo, particularmente en las puestas de sol.

La región dominada por la ciudad es, asimismo, prácticamente una isla. Rodeada por mares propensos a fuertes marejadas, la presencia de piratas, y sitiada del resto del continente por un terreno de tierras bajías que forman una peligrosa ciénaga poblada por todo tipo de monstruos, su aislamiento es reconocido en la Región de Bayes y fuente de habituales chanzas entre los miembros de las otras cuatro ciudades. “Pueblerino” es un apelativo usado con frecuencia para referirse a los miembros de la ciudad.

La población se encuentra al borde de un acantilado de unos 20 metros en cuya base el mar golpea las olas con intensidad. Por medio de unas empinadas escaleras se llega a una cala frecuentada por gente ociosa en días calurosos. Al final del pequeño arenal se levanta un modesto fuerte propiedad del regente local, Sir Jonas Whipple. La fortificación es, asimismo, el lugar de entrenamiento del pequeño ejército local compuesto por unos 100 hombres la mayoría de los cuales han visto muy pocos veranos, habiendo visto demasiados el resto. La flor y nata de las fuerzas de la villa -unos 1000 soldados- se hallan en el frente elfo, al norte de la ciudad de Crow...

miércoles, 6 de mayo de 2009

Prefacio


La región de Bayes (o el Concordato de Bayes, como pomposamente era llamado por la clase noble), era una zona costera de la península de Amán constituida por cinco ciudades-estado en permanente guerra con los reinos elfos del norte. Los motivos de la contienda se enterraban en el pasado de tal manera que sólo los estudiosos tenían alguna noción del motivo de ésta. Lo que había llegado al pueblo llano era, como en la mayoría de las guerras, que el despiadado pueblo enemigo deseaba su aniquilación por aquélla o esotra causa; dependiendo de a quién preguntases la respuesta podía variar desde la envidia por las fértiles zonas costeras ocupadas, hasta el odio entre razas. Sea como fuere, había una guerra, y en ella lo único cierto es que había muertos.